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lunes, 3 de junio de 2013

Cuento de la fiesta de la luz, pedagogia Waldorf

La luz de mi farol

Farol, farol, estrella, luna y sol
Se apaga la luz, se apaga la luz, menos la de mi farol.

Había una vez una niña que llevaba su brillante farolito por las calles llena de alegría.

Yo voy con mi farolito y mi farolito conmigo;
Arriba brillan estrellas, abajo yo y mi amigo.

Entonces llegó el viento silbando y zumbando.

Y la lucecita apagando.

-¡Oh! –exclamó la niña-. ¿Quién encenderá mi farol?-. Pero por mucho que buscó, nadie apareció.

(Llega un erizo).

¿Qué es lo que se mueve en el follaje?
¿Qué es lo que anda a pasitos cortos y rápidos?
¿Qué es lo que se desliza tan deprisa?
¡Es un amiguito con pinchos!
Querido erizo mío, el viento apagó mi farol.
¿Quién puede encendérmelo de nuevo?

No te puedo contestar,
tienes otros a quien preguntar.
No me puedo parar,
donde mis hijos tengo que estar.

(La niña sigue su camino. Llega un oso).

¿Qué es lo que tanto gruñe?
¡Es el amigo oso!
Querido oso mío, el viento apagó mi farol.
¿No sabes de alguien que pueda encendérmelo?
El oso mueve su gordinflona cabeza y dice:

No te puedo contestar,
tienes otros a quien preguntar.
No me puedo parar,
tengo que ir a descansar.

¿Qué es lo que se mueve tan suave?
¿Qué es lo que se desliza por la hierba?
Es un listo y astuto zorro.
Husmea con su nariz y dice a la niña:

De aquí te tienes que marchar,
a tu casa tienes que llegar.
Debo deslizarme y observar,
Pronto un ratón quiero cazar.

Entonces la niña se sentó en una piedra y llorando dijo:

¿Nadie me quiere ayudar?

Las estrellas la oyeron y dijeron:

Al sol debes preguntar. El te puede contestar.

La niña recobró su ánimo y siguió adelante. Finalmente llegó a una casita. Dentro vio a una anciana que estaba hilando en una rueca. La niña abrió la puerta y dijo: -¿Sabes el camino hacia el Sol? ¿Quieres venir conmigo?

Tengo que trabajar.
Hilos finos tengo que hilar.
Pero descansa un poco a mi lado
pues te espera un camino largo y cansado.

La niña entró y se sentó.
Cuando la niña hubo descansado cogió su farol y siguió su camino.
Y caminando llegó a una casita. Dentro se encontraba el anciano zapatero arreglando zapatos.
- Buenos días, querido zapatero. ¿Conoces tú el camino que lleva al Sol? ¿Quieres venir conmigo?
Y el zapatero dijo:

Muchos zapatos hay que arreglar
no tengo tiempo para pasear.
Pero descansa un poco a mi lado
pues te espera un camino largo y cansado.

Cuando la niña hubo descansado, agarró su farol y siguió adelante. Finalmente, en la lejanía, vio un monte muy alto. Y pensó:
- Allí arriba vivirá el Sol.

Y corrió ligera como un corzo. Se le acercó un niñito que estaba jugando y saltando con su pelota en la pradera.
-¿Quieres venir conmigo al sol?
Pero el niño prefería saltar y jugar.
Entonces la niña subió sola su camino, subiendo más y más por la montaña.
Pero allí arriba tampoco encontró al Sol. Y pensando se dijo:
- Aquí me quedo esperando al Sol.
Y se sentó en el suelo a esperarlo. Como estaba muy cansada de tanto andar, se le cerraron los ojos y se quedó dormida.

Pero el Sol había visto a la niña desde hacía tiempo, y cuando llegó el atardecer se inclinó y le encendió el farol.
Entonces la niña se despertó y exclamó:
-¡Oh! mi farol brilla de nuevo.

Y levantándose, se puso alegremente en camino.

De nuevo encontro al niño, y éste le dijo:
- He perdido mi pelota y no la puedo encontrar.
- Yo te voy a iluminar –le dijo la niña.
- Aquí está –gritó el niño-. Y se alejó cantando y saltando.

La niña siguió su camino y llegó a la casa del zapatero.
El zapatero estaba triste en su cuartito.
- Se apagó la lumbre –dijo- mis manos se quedaron tiesas de frío, y no puedo seguir arreglando zapatos.
- Yo te encenderé de nuevo la lumbre –dijo la niña.
El zapatero se calentó sus manos y siguió diligentemente martillando y cosiendo.

Lentamente prosiguió la niña su camino a través del bosque, llegando a la casita de la anciana. En su cuartito no había luz.
- Mi luz se apagó –dijo la anciana-. Desde hace tiempo no puedo seguir hilando.
- Yo te encenderé de nuevo la luz –dijo la niña alegremente.
Entonces la anciana cogió de nuevo su rueca y siguió hilando finos hilos.

Por fin la niña llego al bosque y todos los animales se despertaron del resplandor.
El zorrito husmeó y miró la luz. El oso gruñó y gruñó, acurrucándose aún más en su cueva de invierno. El erizo se acercó lleno de curiosidad:
- ¡Qué luciérnaga tan grande hay aquí!

La niña se fue alegremente a casa cantando:

Yo voy con mi farolito… 



lunes, 15 de octubre de 2012

Buda de la medicina invocación y mantra.




Invocacion al Buda de la medicina:

Peticiones

Te suplico, Bhagavan Maestro de la Medicina, cuyo venerable cuerpo de celeste lapislázuli refleja la sabiduría omnisciente y la bodichita vastas e ilimitadas como el espacio; por favor, concédeme tus bendiciones.
Te suplico, compasivo Maestro de la Medicina, que sostienes la reina de las medicinas con la mano derecha, símbolo de tu voto de ayudar a los afligidos seres que padecen las 424 enfermedades; por favor, concédeme tus bendiciones.
Te suplico, compasivo Maestro de la Medicina, que sostienes un cuenco de néctar con la mano izquierda, símbolo de tu voto de proporcionar el glorioso e imperecedero néctar del dharma que elimina la degeneración de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte; por favor, concédeme tus bendiciones.
Mantra del buda de la medicina:

http://www.mahavajra.be/teachings_prayersES.html
Buda de la Medicina

Vocal
Esta oración invoca la presencia del Buda de la Medicina, también conocido como el Rey de la Medicina y el Gran Maestro de la Medicina. Es una oración para el ser completamente despierto, para traer progresivamente salud en nosotros y otros, siguiendo la intención que ponemos en esto.
Cargando esta oración: Recita 108 veces al día durante 108 días. Este proceso puede parecer requerir mucha energía y así es. Para que la conciencia sea capaz de influir en la materia física, hay requerimientos más elevados. Puedes usar una mala (collar de rezo) para contar las oraciones, y luego la mala se transformará en un talismán sanador. Clic aquí para malas de buena calidad.
Mantra sánscrito
Om Namo Bhagavate Bhaishajyaguru
Vaidūryaprabharājāya
Tathāgatāya Arhate
Samyaksambuddhāya
Tadyathā: Om Bhaishajye Bhaishajye
Mahābhaishajye Bhaishajyerāja Samudgate Svāhā
Traducción conceptual:
Om Sílaba universal, sin traducción
Namo BhagavateSaludo al Señor Divino
BhaishajyaguruGran Maestro de la Medicina
VaidūryaprabharājāyaRey de la substancia preciosa
Tathāgatāya ArhateSer Venerable
SamyaksambuddhāyaCompletamente despierto
TadyathāDe tal manera
Om Bhaishajye BhaishajyeOm, Medico, Medico (doctor/medicina)
Mahābhaishajye BhaishajyeRājaGran Medico, Rey de los Médicos
Samudgate Svāhā

Aqui pueden escucharlo.





Más allá del sufrimiento, me sacrifico


http://www.mahavajra.be/prayers/Baishajye_Raja.mp3


jueves, 17 de noviembre de 2011

Enseñanzas de Don juan 4 enemigos a vencer

Citas seleccionadas de los libros de Carlos Castaneda

Las Enseñanzas de Don Juan.

Una Forma Yaqui de Conocimiento

Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es indeterminado; su intención no es dirigida. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de las dificultades del aprendizaje.
Empieza a aprender así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más (…). Lo que se aprende no es nunca lo que él había imaginado. Y así se comienza a tener miedo. El aprendizaje no es nunca lo que uno espera. Su propósito está (…) en el otro lado del campo de batalla. Y así él tropieza con el primero de sus enemigos: ¡con el miedo! (…) Si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo pondrá fin a su búsqueda (…).
Si uno, aun lleno de miedo, no se detiene, llega el momento en el que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de sí (…). Una vez que el hombre ha conquistado el miedo, está libre de éste por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad, una claridad de mente que borra el miedo.
Para entonces, el hombre conoce sus deseos y sabe cómo satisfacerlos. Puede prever nuevos pasos en el aprendizaje, y una claridad nítida de mente lo ilumina todo. El hombre siente que nada está oculto. Y así se ha tropezado con su segundo enemigo: ¡la claridad!


Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega. Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Si el hombre cede ante este poder ilusorio, entonces ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender (…). Él podrá convertirse en un guerrero impetuoso o en un payaso (…), pero ya no aprenderá ni ansiará nada más.
(Si él vence este enemigo), sabrá entonces que el poder, tanto tiempo perseguido, es suyo por fin. Su deseo es la regla. Él ve claro todo alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder! El hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, pierde la batalla. Su enemigo lo transforma en un hombre cruel, caprichoso.
El hombre, vencido por el poder, muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo una carga en su destino.
¡Tiene que vencerlo seguramente! Tiene que darse cuenta de que el poder, supuestamente conquistado por él, no es nunca suyo en realidad. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así vencerá a su tercer enemigo.
¡(El cuarto enemigo es) la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que el hombre no puede vencer por completo, sino que solamente puede hacer retroceder. Este es el tiempo en el que el hombre siente un deseo persistente de descansar. Si cede ante su deseo de acostarse y olvidarse, si se arrulla en la fatiga, perderá la última batalla y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento. Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el fin, puede entonces ser llamado el hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por eso momentito en que logra ahuyentar a su enemigo invencible. Ese momento de claridad, de poder y de conocimiento es suficiente.

gracias a mi hermano por pasarme esta pagina!

Saludos auramist!


martes, 15 de noviembre de 2011

osho alegria felicidad extracto libro

ALEGRIA: LA FELICIDAD QUE SURGE DEL INTERIOR
 




orquidea alegria

Primer Capítulo

QUÉ ES LA FELICIDAD?

La felicidad no tiene nada que ver con el triunfo; la felicidad no tiene nada que ver con la ambición;  la felicidad no tiene nada que ver con el dinero, ni  el poder ni el prestigio. La felicidad está relacionada con tu consciencia, no con tu carácter.

Depende de ti

¿QUÉ ES LA FELICIDAD? Depende de ti, de tu estado de consciencia o inconsciencia, de si estás dormido o despierto. Murphy tiene una famosa frase. Dice que existen dos tipos de personas: las que siempre dividen a la humanidad en dos tipos y las que no dividen en absoluto a la humanidad. Yo formo parte del primer tipo: la humanidad puede dividirse en dos tipos, los que duermen y los que están despiertos y, por supuesto, un pequeño grupo entre medias.
La felicidad dependerá de dónde estés en tu consciencia. Si estás dormido, el placer es la felicidad. El placer significa la sensación, intentar alcanzar por mediación del cuerpo algo que no se puede alcanzar por mediación del cuerpo, obligar al cuerpo a alcanzar algo de lo que no es capaz. Las personas intentan, por todos los medios posibles, alcanzar la felicidad por mediación del cuerpo.
El cuerpo solo puede proporcionar placeres pasajeros, y cada placer se equilibra con el dolor, en el mismo grado, en la misma medida. A cada placer le sigue lo opuesto, porque el cuerpo existe en el mundo de la dualidad, igual que la noche sigue al día y la vida sigue a la muerte y la muerte sigue a la vida, en un círculo vicioso. Al placer lo seguirá el dolor, y al dolor lo seguirá el placer. Pero nunca estarás tranquilo. Cuando te encuentres en un estado de placer tendrás miedo de perderlo, y ese miedo lo emponzoñará. Y, naturalmente, cuando estés perdido en medio del dolor, sufrirás y harás todos los esfuerzos posibles para salir de él, y volverás a caer en lo mismo.
Buda lo llama la rueda del nacimiento y de la muerte. Nosotros nos movemos con esa rueda, aferrados a ella... y la rue-da continúa moviéndose. A veces se presenta el placer y otras veces se presenta el dolor, pero estamos aplastados entre esas dos rocas.
Pero la persona adormilada no conoce nada más. Solo conoce unas cuantas sensaciones del cuerpo: la comida, el sexo... Ese es su mundo. Si reprime el sexo se hace adicta a la comida; si reprime la comida se hace adicta al sexo. La energía se mueve como un péndulo. Y lo que se llama placer es, como mucho, simple alivio de un estado de tensión.
La energía sexual se recoge, se acumula; te pones tenso y deseas relajar esa tensión. Para quien está dormido, el sexo no es sino un alivio, como un buen estornudo. No produce más que cierto alivio: había tensión, y ha desaparecido. Pero vol-verá a acumularse. La comida solo te proporciona cierto gusto en la lengua; no es mucho por lo que vivir. Pero muchas personas viven únicamente para comer; pocas personas comen para vivir.
La historia de Colón es muy conocida. Fue un largo viaje. No vieron sino agua durante tres meses. Un día, Colón miró al horizonte y vio árboles. Si pensáis en lo contento que se puso al ver árboles, imaginaos cómo se puso su perro.


Ese es el mundo del placer. Al perro se le puede perdonar, pero a ti no.
En su primera cita, un chico, pensando en alguna forma de divertirse, le preguntó a la chica si quería ir a jugar a los bolos. Ella contestó que no le gustaban los bolos. Después el chico propuso que fueran a ver una película, pero ella contestó que no le gustaba el cine. Mientras intentaba pensar en otra cosa le ofreció un cigarrillo, que la chica rechazó. Después le preguntó si quería ir a bailar y tomar copas a la nueva discoteca. Ella volvió a rechazar la propuesta, diciendo que no le gustaban esas
cosas.
Desesperado, le preguntó si quería ir a su apartamento a pasar la noche haciendo el amor. Para su sorpresa, la chica accedió de buena gana, lo besó apasionadamente y dijo: «¿Lo ves? No hacen falta esas cosas para divertirse».
Lo que llamamos «felicidad» depende de la persona. Para la persona dormida, las sensaciones placenteras son la felicidad. La persona dormida vive cambiando de un placer a otro. Se precipita de una sensación a otra. Vive para las pequeñas emociones; lleva una vida muy superficial. No tiene profundidad, no tiene calidad. Vive en el mundo de la cantidad.
También hay personas que están entre medias, ni dormidas ni despiertas, que viven en un limbo, un poquito dormidas y un poquito despiertas. A veces se puede tener esa experiencia a primera hora de la mañana: todavía adormilado, pero sin que puedas decir que estás dormido porque oyes los ruidos de la casa, a tu pareja preparando el café, el ruido de la cafetera o de los niños preparándose para el colegio. Oyes todo eso, pero aún no estás despierto. Esos ruidos te llegan vagamente, débiles, como si hubiera una gran distancia entre tú y lo que ocurre a tu alrededor. Tienes la sensación de que forma parte de un sueño. No forma parte de un sueño, pero tú te encuentras en un estado intermedio.
Lo mismo ocurre cuando empiezas a meditar. Quien no medita duerme, sueña; quien medita empieza a alejarse del sueño y a dirigirse al despertar, en un estado transitorio. Entonces la felicidad tiene un sentido completamente distinto: tiene más de calidad y menos de cantidad; es algo más psicológico, menos fisiológico. Quien medita disfruta más de la música, disfruta más de la poesía, disfruta creando algo. Esas personas disfrutan de la naturaleza, de su belleza. Disfrutan del silencio, disfrutan de lo que nunca habían disfrutado antes, y eso es mucho más duradero. Incluso si se para la música, algo persiste.
Y no es un alivio. La diferencia entre el placer y esta clase de felicidad consiste en que no es un alivio, sino un enriquecimiento. Te sientes más pleno, empiezas a desbordarte. Al escuchar buena música, algo estalla en tu ser, surge una armonía en ti: te haces música. O, al bailar, de pronto te olvidas de tu cuerpo; tu cuerpo es ingrávido. La gravedad pierde su poder sobre ti. De repente te encuentras en otro espacio: el ego no es tan sólido, el bailarín se funde y se fusiona con la danza.
Esto es mucho más elevado, mucho más profundo que el placer que se obtiene de la comida o del sexo. Esto es algo profundo, pero no lo supremo. Lo supremo solo ocurre cuando estás plenamente despierto, cuando eres un Buda, cuando ha desaparecido todo el sueño, cuando todo tu ser está lleno de luz, cuando no hay oscuridad en tu interior. Toda la oscuridad ha desaparecido y, junto con la oscuridad, el ego. Han desaparecido todas las tensiones, las angustias, las ansias. Te encuentras en un estado de absoluta satisfacción. Vives en el presente; se acabaron el pasado y el futuro. Estás por completo aquí. Este momento lo es todo. Ahora es el único tiempo y aquí es el único espacio. Y de repente el cielo desciende sobre ti. Eso es la dicha. Eso es la verdadera felicidad.
Busca la dicha; es tu derecho inalienable. No sigas perdido en la jungla de los placeres; elévate un poco. Ve en busca de la felicidad y después de la dicha. El placer es animal; la felicidad es humana; la dicha, divina. El placer te ata, es una esclavitud, te encadena. La felicidad te afloja un poco la cuerda, te da un poco de libertad, pero solo un poco. La dicha es la libertad absoluta. Empiezas a avanzar hacia arriba; te da alas. Dejas de formar parte de la grosera tierra; pasas a formar parte del cielo. Te conviertes en luz, en alegría.
El placer depende de los demás. La felicidad no depende de otros, pero de todos modos es algo distinto de ti. La dicha no depende de nada, ni es nada distinto de ti; es tu ser mismo, es tu naturaleza misma.
Buda Gautama dice: «Existe el placer y existe la dicha. Renuncia a lo primero para poseer lo segundo».
Medita sobre esto lo más profundamente posible, porque contiene una de las verdades más fundamentales. Hay que comprender estas cuatro palabras, reflexionar sobre ellas. La primera es placer, la segunda, felicidad, la tercera, alegría, y la cuarta es dicha.
El placer es algo físico, fisiológico. El placer es lo superficial de la vida, la excitación. Puede ser sexual o de otros sentidos; puede convertirse en obsesión con la comida, pero está arraigado en el cuerpo. El cuerpo es tu periferia, tu circunferencia, no tu centro. Y vivir en la circunferencia significa vivir a merced de toda clase de cosas que suceden a tu alrededor. Quien busque el placer quedará a merced de la casualidad. Ocurre como con las olas del mar: están a merced de los vientos. Cuando soplan vientos fuertes, aparecen las olas; cuando desaparecen los vientos, desaparecen las olas. No tienen una existencia independiente, son dependientes, y todo lo que depende de algo exterior supone esclavitud.
El placer depende del otro. Si amas a una mujer, si ese es tu placer, esa mujer se convierte en tu dueña. Si amas a un hombre, si ese es tu placer y te sientes desgraciada y desesperada sin él, has creado tu propia esclavitud. Has creado una prisión; ya no eres libre. Si vas en pos del dinero y del poder, dependerás del dinero y del poder. Quien se dedica a acumular dinero, si su placer consiste en tener cada día más dinero, será cada día desgraciado, porque cuanto más tiene, más quiere, y cuanto más tiene, más miedo tiene de perderlo.
Es una espada de doble filo: querer más es el primer filo de la espada. Cuanto más exiges, cuanto más deseas, cuanto más sientes que te falta algo, más vacío y hueco te sientes. Y el otro filo de la espada es que cuanto más tienes, más temes que te lo quiten. Te lo pueden robar. El banco puede ir a la bancarrota, puede cambiar la situación política del país, hacerse comunista... Hay mil cosas de las que depende tu dinero. Tu dinero no te hace amo, sino esclavo.
El placer es algo periférico; por consiguiente, te hará depender de las circunstancias externas. Y es simple excitación. Si la comida es un placer, ¿de qué se disfruta realmente? Solo del gusto... y eso unos momentos, cuando la comida llega a las papilas gustativas y notas una sensación que interpretas como placer. Es una interpretación tuya. Hoy puede parecerte un placer y mañana no. Si sigues comiendo la misma cantidad todos los días, las papilas gustativas dejarán de responder a la comida, y dentro de poco estarás harto.
Así es como nos hartamos de las cosas: un día corres tras un hombre o una mujer y al día siguiente intentas encontrar excusas para librarte de esa persona. Es la misma persona; nada ha cambiado. ¿Qué ha pasado entretanto? Te has aburrido del otro, porque el placer consistía en explorar lo nuevo. Resulta que el otro ya no es nuevo; ya te has familiarizado con su territorio. Te has familiarizado con el cuerpo del otro, con las curvas de su cuerpo, con la sensación que te produce su cuerpo.
Y la mente ansía algo nuevo.
La mente siempre ansía algo nuevo. Así es como la mente te mantiene siempre atado a algo futuro. Te mantiene en un es-tado de espera, pero nunca te lleva los productos, porque no puede. Solo puede crear nuevas esperanzas, nuevos deseos.
Las hojas crecen en los árboles del mismo modo que los deseos y las esperanzas crecen en la mente. Querías una casa nueva y ya la tienes; ¿dónde está el placer? La disfrutaste unos momentos, cuando conseguiste tu objetivo. Una vez conseguido a la mente deja de interesarle y ya ha empezado a tender nuevas telarañas de deseo. Ya ha empezado a pensar en otras casas, más grandes. Y eso es lo que pasa con todo.
El placer te crea un estado de deseo permanente, de inquietud, una agitación continua. Hay múltiples deseos, todos y cada uno de ellos insaciables, que reclaman toda tu atención. Te conviertes en víctima de una multitud de deseos enloquecedores —enloquecedores porque no se pueden cumplir—, que te
llevan de acá para allá. Tú mismo te conviertes en una contradicción. Un deseo te lleva hacia la izquierda, otro hacia la derecha, y alimentas ambos deseos al mismo tiempo. Y entonces te sientes dividido, escindido, desgarrado. Te sientes hecho pedazos. Nadie sino tú es responsable; es la estupidez del deseo de placer lo que crea esta situación.
Y es un fenómeno complejo. No eres tú el único que busca el placer; millones de personas buscan los mismos placeres. Por eso existe una gran lucha, la competición, la violencia, la guerra. Todos son enemigos entre sí, porque todos tienen el mismo objetivo y no todos pueden conseguirlo. De ahí que la lucha sea tremenda, porque hay que arriesgarlo todo, y por nada, ya que, cuando ganas, no ganas nada. Malgastas tu vida entera en esa lucha. Una vida que podría haber sido una fiesta se convierte en una lucha prolongada, inútil.
Cuando vas buscando el placer no puedes amar, porque la persona que va buscando el placer utiliza al otro como medio. Y utilizar al otro como medio es una de las acciones más inmorales, porque cada ser es un fin en sí mismo, y no un medio. Pero cuando buscas el placer tienes que utilizar al otro como medio. Te haces astuto, porque la lucha es tremenda. Si no eres astuto te engañarán, y antes de que los demás te engañen, tú tienes que engañarlos a ellos.
Ya advertía Maquiavelo a los buscadores del placer que la mejor forma de defensa es el ataque. No hay que esperar a que el otro ataque; podría ser demasiado tarde. Antes de eso, atácalo tú. Esa es la mejor forma de defensa. Y es un consejo que se sigue, tanto si se conoce a Maquiavelo como si no.
Es muy extraño. La gente conoce a Jesucristo, a Buda, a Mahoma, a Krisna, pero nadie los sigue. La gente no sabe gran cosa de Maquiavelo, pero a él sí lo siguen, como si tuviera mucha importancia para ellos. No hace falta que lo leáis; simplemente lo seguís. Vuestra sociedad está basada en los principios maquiavélicos; en eso consiste el juego político. Antes de que alguien te quite algo, quítaselo tú. Tienes que estar siempre en guardia. Naturalmente, si estás siempre en guardia, te sentirás tenso, angustiado, preocupado. Todo el mundo está en tu contra y tú estás en contra de todo el mundo.
De modo que el placer no es ni puede ser la meta de la vida.
La segunda palabra que hay que comprender es la felicidad. El placer es algo fisiológico; la felicidad es algo psicológico. La felicidad es un poco mejor, algo un poco más refinado, un poco más elevado... pero no muy distinto del placer. Podría decirse que el placer es una clase más baja de felicidad y que la felicidad es una clase más elevada de placer: las dos caras de la misma moneda. El placer es un poco primitivo, animal; la felicidad es un poco más refinada, un poco más humana, pero es el mismo juego que se juega en el mundo de la mente. No te preocupas tanto de las sensaciones fisiológicas como de las sensaciones psicológicas, pero no existe diferencia en lo fundamental.

La tercera es la alegría: la alegría es algo espiritual. Es algo distinto, completamente distinto del placer y de la felicidad. No tiene nada que ver con lo externo, con el otro; es un fenómeno interno. La alegría no depende de las circunstancias; es algo tuyo. No es una excitación producida por las cosas; se trata de un estado de paz, de silencio, un estado meditativo. Es espiritual.
Pero Buda tampoco habla de la alegría, porque existe otra cosa que va más allá de la alegría. Él lo llama dicha. La dicha es algo absoluto. No es algo fisiológico, ni psicológico ni espiritual. No sabe de divisiones; es indivisible. Es absoluta en un sentido y trascendente en otro. Buda solo emplea dos palabras en esta frase. La primera es el placer, que incluye la felicidad. La segunda es la dicha, que incluye la alegría.
La dicha significa alcanzar el núcleo más profundo de tu ser. Se encuentra en las profundidades últimas de tu ser, donde ni siquiera el ego existe, donde reina el silencio: tú has desaparecido. En la alegría existes un poco, pero en la dicha dejas de existir. Se ha disuelto el ego; es un estado de no ser.
Buda lo llama nirvana. El nirvana significa dejar de ser, ser un vacío infinito como el cielo. Y en el momento en que eres el infinito, te inundas de estrellas e inicias una vida completamente nueva. Renaces.
El placer es algo momentáneo, algo que pertenece a la esfera del tiempo, es algo «de momento». La dicha es intemporal, atemporal. El placer comienza y termina; la dicha ni va ni viene: está ya en el núcleo más profundo de tu ser. El placer hay que arrancárselo a otro: o eres mendigo o eres ladrón. La dicha te hace el amo.
La dicha no es algo que te inventas, sino algo que descubres. La dicha es tu naturaleza más íntima. Estaba allí desde el principio, pero tú no te habías fijado. No te has dado cuenta porque no miras hacia dentro.
Esa es la única desgracia del ser humano, que solo mira hacia fuera, siempre en busca y en pos de algo. Y no se puede encontrar en el exterior porque no está allí.
Una tarde, Rabiya —una famosa mística sufí— estaba buscando algo en la calle, junto a su pequeña choza. Se estaba poniendo el sol y la oscuridad descendía poco a poco. La gente fue congregándose, y le preguntaron:
—¿Qué haces? ¿Qué se te ha perdido? ¿Qué estás buscando?
Ella contestó:
—Se me ha perdido la aguja.
La gente dijo:
—Se está poniendo el sol y va a resultar muy difícil encontrar la aguja, pero vamos a ayudarte. ¿Dónde se te ha caído exactamente? Porque la calle es grande y la aguja pequeña. Si sabemos exactamente dónde se ha caído resultará más fácil encontrarla.
Rabiya contestó:
—Más vale que no me preguntéis eso, porque en realidad no se ha caído en la calle, sino en mi casa.
La gente se echó a reír y dijo:
—¡Ya sabíamos que estabas un poco loca! Si la aguja se ha caído en tu casa, ¿por qué la estamos buscando en la calle?
Rabiya replicó:
—Por una razón tan sencilla como lógica: en la casa no hay luz y en la calle aún queda un poco de luz.
La gente volvió a reírse y se dispersaron. Rabiya los llamó y dijo:
—¡Escuchadme! Eso es lo que hacéis vosotros. Yo me limitaba a seguir vuestro ejemplo. Os empeñáis en buscar la dicha en el mundo exterior sin plantear la pregunta fundamental: «¿Dónde la has perdido?». Y yo os digo que la habéis perdido dentro. La buscáis fuera por la sencilla y lógica razón de que vuestros sentidos están abiertos hacia el exterior: hay un poco más de luz. Vuestros ojos miran hacia fuera, vuestros oídos escuchan hacia fuera, vuestras manos se tienden hacia fuera; por eso estáis buscando fuera. Por lo demás os aseguro que no la habéis perdido ahí, y lo digo por experiencia propia. Yo también he buscado fuera durante muchas, muchas vidas, y el día que miré dentro me llevé una sorpresa. No hacía falta buscar y registrar; siempre había estado dentro.
La dicha es tu núcleo más íntimo. El placer se lo tienes que pedir a otros, y naturalmente te haces dependiente. La dicha te hace el amo. La dicha no es algo que te ocurre; ya está ahí.
Buda dice: «Existe el placer y existe la dicha. Renuncia a lo primero para poseer lo segundo». Deja de mirar hacia fuera. Mira hacia dentro, vuélvete hacia tu interior. Empieza a buscar y registrar en tu interior, en tu subjetividad. La dicha no es un objeto que se pueda encontrar en ninguna otra parte; es tu consciencia.
En Oriente siempre hemos definido la verdad suprema como Sat-Chit-Anand. Sat significa ‘verdad’, chit significa ‘consciencia’, y anand, ‘dicha’. Son tres aspectos de la misma realidad. Es la auténtica Trinidad, no Dios Padre, Dios Hijo, Jesucristo, y el Espíritu Santo; esa no es la verdadera Trinidad. La verdadera Trinidad es la verdad, la consciencia y la dicha. Y no son fenómenos distintos, sino una sola energía que se expresa de tres maneras, una energía con tres aspectos. De ahí que en Oriente digamos que Dios es trimurti, que tiene tres rostros. Esos son los verdaderos rostros, no Brama, Visnú y Mahesh, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; esos nombres son para principiantes.
Verdad, consciencia, dicha: esas son las verdades absolutas. En primer lugar llega la verdad. En cuanto entras en ella, tomas conciencia de tu realidad eterna: el sat, la verdad. Al profundizar en tu realidad, en tu verdad, te darás cuenta de la consciencia, de una increíble consciencia. Todo es luz, nada es oscuridad. Todo es consciencia, nada inconsciencia. Eres simplemente una llama de la consciencia, sin siquiera una sombra de inconsciencia por ninguna parte. Y cuando profundizas aún más, el núcleo definitivo es la dicha, anand.


Buda dice: «Renuncia a todo lo que hasta ahora has considerado importante, significativo». Sacrifícalo todo para ese absoluto porque es lo único que te satisfará, que te llenará, que llevará la primavera a tu ser... y estallarás en miles de flores.
El placer te hará ir a la deriva. El placer te hará más astuto, pero no te proporcionará sabiduría. Te hará cada día más esclavo; no te proporcionará el reino de tu ser. Te hará cada día más calculador, te hará una persona más aprovechada. Te hará cada día más político, más diplomático. Empezarás a utilizar a las personas como medios. Eso es lo que hace la gente.
El marido le dice a la esposa: «Te quiero», pero en realidad simplemente la está utilizando. La esposa dice que quiere al marido, pero simplemente lo está utilizando. El marido puede estar utilizándola como objeto sexual y la esposa utilizándolo como seguridad económica. El placer hace a todos astutos, taimados. Y ser astuto supone perderse la dicha de ser inocente, perderse la dicha de ser niño.
En Lockheed necesitaban una pieza para un avión nuevo y enviaron un comunicado a todo el mundo para ver quién presentaba la mejor oferta. De Polonia les llegó una oferta de tres mil dólares. Inglaterra se ofrecía a construir la pieza por seis mil dólares. Israel pedía nueve mil. Richardson, el ingeniero encargado de la construcción del nuevo avión, pensó que lo mejor era ir a cada uno de los países para averiguar el porqué de la disparidad de precios. El fabricante de Polonia le dijo: «Mil para los materiales, mil para la mano de obra, y mil para los gastos indirectos y unos pequeños beneficios».
En Inglaterra, Richardson revisó la pieza y descubrió que era casi tan buena como la fabricada en Polonia. Preguntó: «¿Por qué piden seis mil dólares?». El inglés se lo explicó: «Dos mil para los materiales, otros dos mil para la mano de obra y otros dos mil para los gastos y un pequeño beneficio».
En Israel, el representante de Lockheed tuvo que llegar hasta un callejón en el que había una pequeña tienda, donde vio a un viejecillo, el que había presentado la oferta de nueve mil dólares.
—¿Por qué pide tanto? —le preguntó.
—A ver —dijo el viejo judío—. Tres mil para usted, tres mil para mí y tres mil para los gilipollas de Polonia.
El dinero, el poder, el prestigio: todo eso contribuye a hacerte astuto. Busca el placer y perderás la inocencia, y perder la inocencia significa perderlo todo. Esto dice Jesucristo: sé como un niño, y solo así entrarás en el Reino de Dios. Y tiene razón. Pero quien anda en busca del placer no puede ser inocente como un niño. Tienes que ser muy listo, muy astuto, con mucha política; solo así puedes vencer en la competición a muerte que hay en todas partes. Todo el mundo está a la greña con todo el mundo, no vives entre amigos. El mundo no puede ser amable a menos que dejemos esa idea de la competitividad.
Pero desde el principio inculcamos al niño el veneno de la competitividad. Cuando acabe la universidad estará totalmente envenenado. Lo hemos hipnotizado con la idea de que tiene que luchar contra los demás, de que la vida es la supervivencia de los más aptos. Así la vida no puede ser una fiesta.
Si eres feliz a costa de la felicidad de otro... Y así es como puedes ser feliz; no hay otra manera. Si conoces a una mujer hermosa y consigues poseerla, se la habrás arrebatado a otro. Intentamos que las cosas parezcan lo más bonitas posible, pero eso es solo en la superficie. Los que han perdido en el juego se enfadarán, se pondrán furiosos. Esperarán una oportunidad para vengarse, y esa oportunidad se les presentará tarde o temprano.

Lo que posees en este mundo lo posees a costa de alguien, a costa del placer de otro. No hay otra manera. Si de verdad no deseas enemistarte con nadie en el mundo, debes abandonar la idea de la posesión. Utiliza lo que tengas a tu lado en el momento, pero no seas posesivo. No intentes reclamar que es tuyo. No hay nada que sea tuyo; todo pertenece a la existencia.

jueves, 13 de octubre de 2011

Recorrido del alma, la presencia y el ciclo de la vida. Mi experiencia personal

Recorrido del alma, la presencia y el ciclo de la vida.




El alma, como representante de nuestra espiritualidad, como entidad que aloja a nuestro ser en el mundo, necesita de un cuerpo físico sometido a las leyes de la naturaleza para poder vivenciar una experiencia terrenal y de esa forma seguir su camino evolutivo, es así como en cada encarnación nuestra alma retorna al ciclo de la vida con la esperanza, el anhelo de nuevamente recorrer la tierra y experimentar la corporeidad, siempre desde un escalón diferente.
Pero el alma comparte ese viaje con nuestro ego, con nuestra humanidad, y es allí donde comienza su gran desafío.
 Lograr que el ego le deje marcar las coordenadas del GPS, le permita evolucionar a partir de un caminar de la mano, y así el alma puede pasarse una vida entera de copiloto o de piloto, y eso depende de nosotros.

El invierno del alma y la vid.

En invierno la viña para toda su actividad vegetativa. Parece muerta, sin vida, todo queda en stand- by.
Hiberna, frena quedando a la espera de una Primavera, así el alma nos acompaña esperando encontrar su momento de quietud, dejos de calma de esa humanidad que somos para poder manifestarse y mostrarnos tan solo un poquito de todo lo que hay en su bolsa de joyas. Así cuando en algún momento de nuestra existencia por diversos motivos contemplamos un atardecer o pintamos un cuadro, damos a luz o meditamos por primera vez, paramos y corremos el ego para maravillarnos tan solo con lo que “es”, y allí el alma tiene su oportunidad de actuar y a eso lo llamamos el despertar.
Ese momento mágico donde parece que el tiempo se para, los olores y colores son más intensos y sentimos ese  “algo raro en el pecho” que llamaríamos  una profunda  alegría de habitar eso tan difícil que es el presente.
En ese instante estamos plenos, juntos, nuestro ser en amor y con nosotros comenzando a caminar juntos. En la vid se manifiesta como el lloro de la viña, un momento que todo viticultor espera con paciencia y amor, con dudas y miedos,  en invierno la vid paraliza toda si evolución, hiberna, y el lloro es la reactivación del ciclo de crecimiento de la viña y la savia comienza a recircular y así por donde fue podada en el ultimo otoño, se produce el lloro de la vid.

lloro viña en la rioja españa 


Primavera

Nosotros diríamos, que el lloro es de alegría por encontrarse una vez más en un nuevo ciclo, una nueva primavera donde tiene todo para dar, donde podría sacar todo su potencial, y nosotros mostrar todas nuestras virtudes,  el alma como la vid se reactiva con la inmensa alegría de sacar a relucir todas sus joyas. Pero para eso tiene meses por delante, y como un niño  nuestra  vid, el alma brotara, crecerá, necesitara luz, sol, algo de mimos de su agricultor, que como un doble nuestro o un guía, la ayudara a la vid, la podara, le quitara las hojas, la pulirá para que de lo mejor de sí, y quizás también ese agricultor seamos nosotros mismos eligiendo que experiencias tenemos que vivir para poder evolucionar según nuestro plan.
 Por ese motivo todo momento en nuestro desarrollo sería bueno vivirlo como perfecto, cada sequía donde la vid tiene que extender cada vez más sus raíces en lo profundo de  tierra para obtener agua y nutrientes.
Así nosotros deberíamos ir en momentos adversos a nuestro interior, buscando nuestros recursos y tesoros olvidados y purificándonos también de nuestras sombras.
Los mejores viñedos son aquellos de tierras secas y climas áridos, de noches frías y días cálidos; tengamos en cuenta que de mucha agua no se obtienen las mejores uvas para el mejor vino, si se riega en exceso un viñedo para acelerar su proceso lo malogramos, quizás sus uvas estén gorditas antes de tiempo pero si se cosechan……. mal vino tendremos.
Cuanto más equilibrado sea nuestro mundo interior respecto al exterior, cuanto mas armonía tengamos entre lo que sentimos y hacemos, más sencillos nos parecerán los obstáculos por más grandes que estos sean, una viña con grandes raíces no se preocupa por unos días de sequia o un gran vendaval, sabe que los puede resistir.
Y por que sabe que de nada sirve ocuparse antes de tiempo de aquello que aun no aconteció, no se  “PRE-OCUPA” se ocupa.

viñedo en Medoc francia viaje con mi marido

El camino del alma es así, lento, sin apuros, de trabajo y esfuerzo, de paciencia, entrega y confianza, de estar presente, como el agricultor que solo puede sentarse a mirar o quizás solo despejar un poco el camino dado que es la viña que hace el esfuerzo y el trabajo, y si se dejan los miedos y apuros de lado y se esperan los  días, meses, luego años suficientes, las uvas de ese viñedo estarán maduras, dulces y listas para brindar lo mejor de sí.

Verano

Y llega el envero y la uva cambia su color, trasmuta a violeta, nos brinda su fruto, sus varios dones y se manifiesta cada viña en distinta medida.

viña en pleno verano la puebla de labarka alava españa, donde yo vivia



Así cuando dejamos que el alma tome rienda de nuestra vida comienza un periodo a veces arduo de transmutar, de cambiar y dejar y evolucionar cambiando nuestro mundo y viéndolo desde una óptica nueva y lo que era verde ahora es violeta, ya que ha madurado, y nosotros que éramos puro ego, ahora entramos en contacto con sentimientos que si bien nos son conocidas  eran quizás meras palabras como amor, compasión, entrega, alegría, y que ahora con el alma como piloto nos permitimos  vivenciarlos desde un lugar diferente, más intenso mas real o verdadero.( si es que existe lo real.)
envero de viña en croacia viaje  con amigos pelejsac
En la viña si es un viñedo joven de pocos años, usaremos su fruto para un vino fresco, si ya tiene muchos ciclos en su haber, con amor podremos hacer grandes caldos de guarda. Si tenemos paciencia y dejamos esas uvas, sacaremos un vino dulce y penetrante como el tokay o si nos animamos a los primeros fríos un vino de hielo,  también podremos cosechar pasas de uva.  Y así el alma según su evolución, y su destino irá dándonos regalos y dones en nuestro verano de la vida para sostenernos, y si la dejamos ser nuestro piloto nos mostrara un camino lleno de alegría, abundancia, amor y belleza solo habitando el presente.
Otoño
Y el otoño llega, con el desprenderse de ramas que no nos sirven o se nos hacen pesadas para el nuevo ciclo que iniciaremos con la poda. Las hojas cambiaran de color así como nuestra vida va mutando y vamos eligiendo nuevos desafíos sin apegos ni ataduras de lo que “fue”. Emprendemos nuevos rumbos y para eso nos preparamos livianos de equipaje.
Y llega el Invierno nuevamente, lo obscuro y frío que algunos llaman muerte, ya que toda actividad se para,  pero esos no son agricultores, no saben…….no saben que luego de un merecido descanso vendrá una nueva Primavera. Y así la rueda de Samsara sigue girando.


encina en dolmen la hechizera  Alava mi auto de cuando vivia en españa, y mi perro

Yo caminando entre viñedos en España paré, miré, sentí y renací junto a mi alma, no sé qué día fue ni si fue debajo de esa gran encina pero si sé que me deje maravillar por tanta belleza y yo creo que mi amor por la enología, por esas tierras secas llenas de viñas, fue la forma que mi alma eligió para volver a ser el piloto de mi vida.

 
Gracias,

Con amor, Lu.

Auramist.


martes, 16 de agosto de 2011

La alegria de los peces taoismo

 








 La alegría de los peces


Chuang Tzu y Hui Tzu
estaban cruzando el río Hao
junto a la presa.
Chuang dijo:
"Fíjate qué libremente
saltan y corren los peces.
Ésa es su felicidad."

Hui replicó:
"Ya que tú no eres un pez,
¿cómo sabes
qué es lo que hace felices a los peces?"

Chuang dijo:
"Dado que tú no eres yo,
¿cómo es posible que puedas saber
que yo no sé
qué es lo que hace felices a los peces?"

Hui argumentó:
"Si yo, no siendo tú,
no puedo saber lo que tú sabes,
es evidente que tú,
no siendo pez,
no puedes saber lo que ellos saben."
Chuang dijo:
"¡Espera un momento!
Volvamos
 a la pregunta original.
Lo que tú me preguntaste fue
'¿Cómo puedes tú saber
lo que hace felices a los peces?'
Por la forma en que planteaste la cuestión,
evidentemente sabes que sé
lo que hace felices a los peces.

Yo conozco la alegría de los peces
en el río
a través de mi propia alegría, mientras
camino
a lo largo del mismo río."